Las habilidades en comunicación ofrecen al farmacéutico, principalmente, una relación asistencial eficaz, pero, además, permiten conocer mejor el problema del paciente (para minimizar los errores y hacer un buen uso de los medicamentos), consiguen una mayor adherencia de éste al tratamiento, ayudan a rentabilizar y gestionar mejor el tiempo y favorecen un menor desgaste emocional del farmacéutico. Por ello, el Decanato de Farmacia de la Universidad de Alcalá, en colaboración con la Fundación Pharmaceutical Care España y la Fundación AstraZeneca, organizaron el curso “La comunicación en el entorno asistencial”.
Según la vicedecana de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Alcalá, María Guinea, el curso “está específicamente diseñado para proporcionar a los alumnos de farmacia las habilidades en comunicación necesarias para que adquieran las competencias asistenciales específicas del farmacéutico, tanto para el ejercicio de la atención farmacéutica como para cualquier otra actividad que desarrolle en su futuro profesional, ya que todo profesional sanitario debe poseer habilidades en esta área de conocimiento”.
LAS BARRERAS
Por su parte, la vicepresidenta de la Fundación Pharmaceutical Care España, Carmen Alberola, explica que “existen barreras o interferencias que dificultan la comunicación”, como sería el caso del idioma. La vicepresidenta de la Fundación Pharmaceutical Care señala que los problemas lingüísticos son “frecuentes en muchas zonas por el elevado porcentaje de población inmigrante que utiliza un lenguaje verbal y no verbal diferente al nuestro”. A esta situación hay que sumarle las barreras culturales, que surgen por el distinto concepto de salud y enfermedad que tiene el paciente y el profesional farmacéutico. Finalmente, hay que tener en cuenta las barreras emocionales, que se han de manejar para actuar de la manera más adecuada.
LAS CARACTERÍSTICAS DEL FARMACÉUTICO
La calidad del servicio, según Carmen Alberola, “depende de la relación que existe entre lo que los pacientes esperan y lo que reciben”, a pesar de que “las expectativas de los profesionales sanitarios y los pacientes no siempre coinciden”. Los pacientes, fundamentalmente, valoran un farmacéutico cordial (amable y educado), empático (humano y capaz de comprender las emociones), con reactividad adecuada (que escuche) y asertivo (en el que pueda confiar). A partir de estas actitudes básicas, el farmacéutico debe hacerse con las habilidades necesarias y conocer las técnicas de comunicación que le permitan alcanzar los objetivos de cualquier encuentro con un paciente. FV













